Memoria técnica con inteligencia artificial: qué redacta una herramienta y qué sigue necesitando un ingeniero

Hace no tanto, preparar una memoria técnica de licitación suponía semanas de redacción. Hoy cualquier constructora puede pedir a una herramienta de inteligencia artificial un apartado de organización de la obra, un plan de aseguramiento de la calidad o un programa de medidas ambientales, y tenerlo escrito en unos minutos. La pregunta que se hacen muchas empresas es lógica: si escribir ya no cuesta, ¿sigue teniendo sentido dedicar tiempo y dinero a la memoria técnica?

La respuesta corta es que la redacción nunca fue lo que daba los puntos. Una memoria técnica con inteligencia artificial puede estar bien escrita y, aun así, quedarse a mitad de tabla en los criterios de juicio de valor. En este artículo repasamos qué hace bien la IA, dónde se queda corta y qué partes de la oferta siguen dependiendo de que un ingeniero haya estudiado el proyecto, haya pisado la obra y sepa cómo se va a construir.

Qué hace bien la inteligencia artificial en una memoria técnica

Conviene empezar por lo que funciona, porque negarlo no tiene sentido. Bien utilizada, una herramienta de inteligencia artificial resulta útil para:

  • Redactar con corrección los apartados de contenido general: sistema de gestión de la calidad, gestión de residuos, seguridad y salud, organigrama tipo o comunicación con la dirección facultativa.
  • Resumir pliegos y proyectos extensos y localizar en poco tiempo dónde está cada exigencia.
  • Ordenar la información según el índice que marca el pliego, de modo que no quede ningún apartado sin contestar.
  • Revisar la ortografía, la coherencia de términos y la extensión de cada apartado.
  • Preparar tablas, listados y textos de enlace entre capítulos.

Para una empresa que presenta muchas ofertas al año, esto supone un ahorro real de horas. En OFETEC también utilizamos estas herramientas en las tareas repetitivas, igual que utilizamos programas de planificación o de diseño. El problema no está en usarlas, sino en pensar que con ellas basta.

Por qué la mesa de contratación puntúa por comparación

Para entender por qué una memoria redactada solo con IA puntúa poco, hay que recordar cómo se valora. Cada pliego fija su propio baremo, pero en la práctica la valoración de los criterios sujetos a juicio de valor acaba siendo comparativa: quien evalúa lee todas las ofertas de la misma obra, identifica la mejor planteada y gradúa el resto en relación con ella. Lo explicamos con más detalle en cómo se puntúa una memoria técnica en una licitación pública.

Además, el artículo 146.2 de la Ley 9/2017, de Contratos del Sector Público establece que, cuando los criterios de juicio de valor pesan más que los evaluables mediante fórmulas, su valoración corresponde a un comité de expertos o a un organismo técnico especializado. Dicho de otro modo: quien lee tu memoria suele ser un técnico que conoce ese tipo de obra.

Ese técnico lee varias memorias seguidas. Si cinco licitadores han pedido a una herramienta el apartado de conocimiento del proyecto, las cinco dirán cosas parecidas, con frases parecidas y una estructura casi idéntica. Ninguna será incorrecta, pero ninguna destacará. Cuando todas se parecen, los puntos se los lleva la que aporta algo que las demás no tienen: un dato de la obra que solo se obtiene visitándola, una incoherencia del proyecto detectada y bien resuelta, o un programa de trabajos que se sostiene cuando se revisa con calculadora.

Comparación entre memorias técnicas genéricas y una memoria con estudio propio de la obra

Ahí está la paradoja. Cuanto más se generaliza la memoria genérica, más valor tiene la que no lo es. Si quieres repasar qué miran exactamente los evaluadores, en nuestra entrada sobre criterios de juicio de valor en licitaciones tienes el desglose.

Lo que una memoria técnica con inteligencia artificial no resuelve

Hay seis aspectos de una oferta técnica que no se pueden generar a partir de un texto. Todos tienen algo en común: exigen conocer la obra concreta y tomar decisiones de ingeniería.

1. El estudio del proyecto

Un proyecto de construcción rara vez es perfecto. Es habitual encontrar mediciones que no cuadran con los planos, unidades de obra que figuran en el presupuesto pero no se describen en el pliego de prescripciones, secciones tipo que no encajan con el perfil longitudinal o servicios existentes que no aparecen en ningún anejo.

Detectarlo exige leer el proyecto como lo leería el jefe de obra que va a ejecutarlo, cruzando memoria, planos, mediciones y pliego. Una herramienta puede resumir el anejo de servicios afectados, pero no sabe que la conducción que discurre bajo la acera no está reflejada en él, ni tiene forma de comprobarlo.

La mesa valora mucho que el licitador demuestre que ha entendido la obra mejor que el resto, siempre que lo plantee con respeto hacia el proyecto y acompañado de una solución concreta. Una buena forma de trasladar ese conocimiento es el plano de concepción global, que resume en una sola lámina cómo se va a acometer la obra.

Plano de concepción global de una memoria técnica de licitación de obra

2. La visita a obra

Hay información que no está en ningún documento del proyecto: los accesos reales para camiones, la anchura de los caminos, las zonas disponibles para instalaciones y acopios, los vecinos y comercios afectados, las paradas de autobús, los horarios de carga y descarga o las líneas eléctricas aéreas que condicionan el uso de grúas.

Un ejemplo: en una obra de urbanización, comprobar sobre el terreno que por una calle de un solo carril pasa una línea de autobús urbano cambia por completo el planteamiento de las fases. Ese dato no lo da ningún plano y, sin él, la propuesta de fases puede ser inviable.

Las fotografías propias de la visita, ordenadas por zonas y relacionadas con cada condicionante, demuestran a la mesa que el licitador ha estado allí. Cuando la obra es extensa, un vuelo con dron permite mostrar el conjunto y localizar los puntos críticos. Ninguna herramienta puede fabricar esas imágenes, y si alguien lo intenta, el técnico que conoce la zona lo notará.

3.El programa de trabajos con rendimientos reales

Un diagrama de Gantt se dibuja con cualquier programa. Lo difícil es que sea creíble. Para eso, la duración de cada actividad tiene que salir de las mediciones del proyecto y de los rendimientos de los equipos que se proponen, y la secuencia tiene que respetar la lógica constructiva.

El evaluador hace la división. Si la memoria propone un único equipo de tendido de tubería y el programa le asigna un avance muy superior al habitual para ese diámetro y ese terreno, lo detecta enseguida, y con ello pierde credibilidad toda la oferta.

Un programa sólido tiene en cuenta, además, las restricciones que no se ven a primera vista: periodos de nidificación fijados en la declaración ambiental, ventanas para trabajar en cauces, la climatología en hormigonados y extendido de mezclas bituminosas, o las campañas de riego cuando se interviene en redes en servicio. Sobre esto hemos escrito en plan de obra en licitaciones, en camino crítico: 7 claves para analizarlo y en nuestra entrada sobre el diagrama espacio-tiempo, muy útil en obras lineales.

4. Los condicionantes de ejecución

Cada obra tiene sus propios problemas: el tráfico que no se puede cortar y obliga a desvíos provisionales, los servicios afectados que hay que reponer antes de avanzar, las restricciones ambientales, los cortes de suministro en una red de abastecimiento o las afecciones a regantes y propietarios.

Una herramienta de IA genera listas de medidas que sirven para cualquier obra, y por eso mismo no sirven para ninguna en concreto. Lo que puntúa es la solución constructiva específica: en qué fase se resuelve cada condicionante, con qué medios, cuánto dura y cómo afecta al resto de actividades.

5. La lectura estratégica del pliego

El pliego de cláusulas administrativas fija los criterios, los subcriterios, la puntuación de cada uno, la extensión máxima y el formato. Antes de escribir una línea hay que decidir cuántas páginas merece cada apartado según los puntos que reparte, y qué se va a contar en cada uno.

Hay además un riesgo que conviene conocer: incluir en el sobre de juicio de valor información que se valora con fórmulas, como la reducción del plazo o las mejoras cuantificables, puede suponer la exclusión de la oferta. Una herramienta que redacta sin conocer el pliego completo no distingue qué información puede ir en cada sobre.

Tampoco puntúa igual cada administración. Las costumbres de cada órgano de contratación al valorar se aprenden presentando ofertas y leyendo informes de valoración, no a partir de textos generales.

6. La coherencia de toda la oferta

Una memoria técnica es un conjunto: los medios humanos y la maquinaria deben corresponder con los equipos del programa de trabajos, las instalaciones auxiliares con los acopios previstos, el plazo con las anualidades y las medidas ambientales con el calendario de la obra.

Cuando cada apartado se redacta por separado, aparecen contradicciones que el evaluador detecta con facilidad, por ejemplo una memoria que describe dos equipos de trabajo y un Gantt que muestra cuatro. Mantener esa coherencia exige que alguien tenga la obra completa en la cabeza.

Errores habituales de una memoria redactada con IA sin revisión técnica

Estos son los fallos que más se repiten cuando el texto sale de una herramienta y nadie con criterio lo revisa:

  • Datos inventados con apariencia verosímil: rendimientos, plazos o referencias a obras que no existen.
  • Normativa citada de forma incorrecta: instrucciones derogadas, artículos que no corresponden o normas de otro ámbito.
  • Contenido de otra tipología de obra: capas de rodadura en una conducción o voladuras donde no hay roca.
  • Frases vacías: expresiones como garantizar en todo momento la máxima calidad, que el evaluador salta porque no aportan nada.
  • Información de criterios automáticos en el sobre técnico, con el riesgo de exclusión ya comentado.
  • Incoherencias entre apartados, entre texto y gráficos o entre la memoria y el programa de trabajos.
  • Incumplimientos de formato: extensión, tipo de letra o número de páginas fuera de lo que exige el pliego.

Cualquiera de ellos resta puntos. Algunos, además, transmiten al evaluador que la empresa no conoce la obra, y esa impresión condiciona la lectura del resto de la memoria.

Cómo trabajamos en OFETEC: herramientas al servicio del criterio

Nuestro trabajo empieza por el estudio completo del proyecto y del pliego, sigue con la visita a obra y se apoya en una planificación propia, calculada con rendimientos y con las restricciones reales de cada actuación. A partir de ahí elaboramos los planos de concepción global, los croquis de los procedimientos constructivos, los diagramas espacio-tiempo y los cronogramas que acompañan a la memoria.

La inteligencia artificial tiene su sitio en ese proceso: nos ayuda a revisar, ordenar y agilizar las tareas que no requieren decisión técnica. Las decisiones, en cambio, las toman ingenieros que han estudiado la obra, y cada texto se revisa frente al proyecto antes de entregarse.

H2] Qué preguntar a quien prepare tu memoria técnica

Tanto si la redactas con tu propio equipo como si decides externalizar la memoria técnica, estas preguntas ayudan a saber si el trabajo va a marcar diferencia:

  • ¿Se va a visitar la obra y se va a documentar con fotografías propias?
  • ¿Quién elabora el programa de trabajos y con qué rendimientos?
  • ¿Se revisa la coherencia entre la memoria, el Gantt y los medios propuestos?
  • ¿Hay experiencia en ese tipo de obra y con ese órgano de contratación?
  • ¿Los planos y croquis son propios de la obra o genéricos?
  • ¿Qué parte del trabajo se apoya en herramientas de IA y quién la revisa?

Si la respuesta a la última pregunta es que la herramienta lo hace todo, ya sabes lo que va a ocurrir en la apertura del sobre técnico.

Preguntas frecuentes

¿Está prohibido usar inteligencia artificial para redactar una memoria técnica?

No existe una prohibición general. Lo que exige el pliego es que la oferta responda a los criterios y a la obra que se licita. El riesgo no es usar la herramienta, sino presentar un texto genérico, con datos no verificados o con información que no corresponde al sobre técnico.

¿Puede la mesa detectar que una memoria se ha hecho con IA?

No necesita detectarlo. Le basta con comprobar que el texto no aporta nada específico de la obra, que los rendimientos no cuadran con el programa o que la memoria se parece demasiado a las de otros licitadores. El efecto en la puntuación es el mismo.

¿Qué apartados de la memoria se benefician más de estas herramientas?

Los de contenido más estable entre obras: gestión de la calidad, gestión de residuos, seguridad y salud, organización y comunicación con la dirección facultativa. Aun así, conviene adaptarlos a las unidades de obra y a los condicionantes concretos de cada actuación.

¿Y cuáles no se deben dejar en manos de una herramienta?

El conocimiento del proyecto y del emplazamiento, el programa de trabajos, los procedimientos constructivos de las unidades críticas, las fases de obra y las soluciones a los condicionantes de ejecución. Son los apartados que más puntúan y los que exigen decisiones técnicas.

¿Cuánto tiempo se ahorra realmente?

Depende de la obra. El ahorro está en la redacción y la revisión formal, pero el estudio del proyecto, la visita y la planificación requieren el mismo tiempo que antes, porque ahí es donde se decide la oferta.

Conclusión

La inteligencia artificial ha abaratado escribir, pero no ha abaratado pensar la obra. Una memoria técnica con inteligencia artificial puede ser un buen punto de partida para los apartados generales, pero los puntos de juicio de valor siguen dependiendo del estudio del proyecto, de la visita a obra, de una planificación realista y de una lectura estratégica del pliego. Es decir, de trabajo de ingeniería.

Si estás preparando una licitación y quieres que tu oferta destaque en el sobre técnico, en OFETEC te ayudamos con la documentación técnica para licitaciones de obras y de servicios de conservación. Cuéntanos qué licitación tienes entre manos.

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